Desde agosto de 2024, el proyecto 5G “Nueva Malla Vial del Valle del Cauca”, liderado por la concesión Rutas del Valle, se encuentra en plena etapa constructiva con un avance global del 35 %. Esta ambiciosa iniciativa, concebida para mejorar la conectividad regional, reducir los tiempos de desplazamiento y dinamizar la economía del Valle del Cauca, se perfila como una de las obras de infraestructura más estratégicas del país. Su ejecución marca un punto de inflexión en la modernización de la red vial colombiana, y su impacto se proyecta más allá del ámbito departamental.
El proyecto se originó con la firma del contrato de concesión en 2021. No obstante, su arranque constructivo enfrentó múltiples desafíos durante la etapa de preconstrucción.

Según explicó Jorge Duarte, gerente de Rutas del Valle, los dos años iniciales previstos para esta fase se extendieron a tres debido a la necesidad de realizar cuatro consultas previas adicionales, lo cual representó un reto contractual significativo. A pesar de ello, estos ajustes fueron reconocidos legalmente y, tras superar la compleja obtención de permisos y trámites, en agosto de 2024 se dio inicio oficial a las obras con todos los insumos técnicos, jurídicos y ambientales requeridos.
Uno de los hitos más complejos fue la adquisición predial, un obstáculo común en la infraestructura colombiana. Duarte destacó que hoy se ha ejecutado el 97 % de la compra de predios, mientras que el porcentaje restante se encuentra en avanzados procesos de expropiación. Paralelamente, los permisos ambientales también representaron un desafío considerable debido a la rica biodiversidad del territorio, particularmente en la cuenca del río Cauca. En este frente, el proyecto se ha distinguido por su enfoque ambiental responsable. La concesión adoptó como símbolo a la zarigüeya, especie representativa del Valle del Cauca, y ha priorizado la conservación de árboles emblemáticos como los samanes. Gracias a las medidas de mitigación implementadas, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) otorgó las licencias necesarias para continuar con la ejecución.
El proyecto está estructurado en cinco unidades funcionales, y actualmente las unidades 2, 3 y 4 registran avances significativos. La unidad funcional 2, con un avance del 48 %, contempla 180 kilómetros de rehabilitación de pavimentos en corredores estratégicos como Palmira–Buga, Cali–Candelaria y la recta Cali–Palmira, esta última con un flujo diario de hasta 30.000 vehículos. En este tramo se desarrollan retornos, ampliaciones de peajes, redes de transporte inteligente (ITS) y fibra óptica.
La unidad funcional 3, correspondiente a la prolongación de la avenida Ciudad de Cali hacia Jamundí y Puerto Tejada, avanza en un 55 %. Este trayecto, de 15 kilómetros, contempla la construcción de un puente sobre el río Jamundí y una compleja intersección en Puerto Tejada, cuya estructura ya está en proceso de izado de vigas.
Por su parte, la unidad funcional 4 se enfoca en el desdoblamiento de la doble calzada Jamundí–Y de Villarrica e incluye la edificación del emblemático puente Guillermo León Valencia sobre el río Cauca, de 180 metros de longitud y un arco metálico central de 120 metros. Este puente no solo representa un reto de ingeniería, sino que se proyecta como un ícono vial del suroccidente del país, con finalización prevista para finales de 2025.
Así Avanza la Modernización Vial con el Megaproyecto 5G del Valle del Cauca
En cuanto a las otras dos unidades, la unidad funcional 1, ubicada al norte del Cauca, avanza en un 15 %. Allí destaca la intersección Versalles en Palmira, donde ya se realizan traslados de redes. La unidad funcional 5, conocida como intersección Sameco (calle 70 con avenida tercera), aún se encuentra en la etapa de estudios de red legal, aunque ya cuenta con permisos ambientales y se espera su ejecución conforme al cronograma financiero.
Este megaproyecto no solo tiene impacto regional, según el gerente de la concesión, el Valle del Cauca cumple una función estructural en la articulación de corredores logísticos entre el Atlántico y el Pacífico, enlazando infraestructuras 4G desde Antioquia hasta el sur del país. La nueva malla vial 5G se integra de forma estratégica con obras como Buga–Buenaventura, Popayán–Santander de Quilichao, y el futuro corredor Popayán–El Estanquillo, a su vez conectados con la doble calzada Pasto–Rumichaca.
Uno de los beneficios inmediatos de este avance es la reducción de tiempos de transporte, no solo por la rehabilitación de vías existentes, sino por la creación de nuevos corredores como la mencionada prolongación de la avenida Ciudad de Cali, que también favorecerá procesos de expansión urbana en el sur de la ciudad. La recta Cali–Palmira, única vía del país con una velocidad de operación autorizada de 100 km/h, ha experimentado una reducción del 30 % en la accidentalidad gracias a las intervenciones en seguridad vial implementadas por la concesión.
Desde su firma en 2021, el proyecto ha acumulado importantes aprendizajes. Destacando que una de las principales lecciones ha sido demostrar que es posible ejecutar concesiones sin arbitrajes ni litigios contra el Estado, cumpliendo simultáneamente con los requisitos financieros, sociales y ambientales, algo que distingue esta generación de concesiones frente a las anteriores.
En cuanto al cronograma, la meta para fin de 2025 es contundente: alcanzar el 70 % de avance en la unidad 2 y entregarla en marzo de 2026, mientras que las unidades 3 y 4 estarán listas en enero del mismo año. Finalmente, las unidades 1 y 5 se concluirán entre 2026 y 2027, permitiendo iniciar la operación integral del proyecto en el segundo semestre de 2027.
Uno de los hitos más destacados ha sido el cierre financiero total del proyecto, con un crédito senior por $1,5 billones otorgado por banca nacional y los aportes de equity del concesionario ya comprometidos. Todas las subcuentas del proyecto están financiadas y su ejecución se desarrolla en línea con lo presentado a los financiadores. En este sentido, el proyecto ha cumplido con exigentes estándares internacionales, como las normas IFC, lo que garantiza su sostenibilidad, cumplimiento legal y vinculación comunitaria.
En el frente social y ambiental, se ha implementado un Plan de Responsabilidad Ambiental y Social (PRAS) que prioriza la contratación de mano de obra local y la integración de comunidades al proceso constructivo. Actualmente, más de 1.500 trabajadores del Valle del Cauca están vinculados directamente, y se proyecta que la operación y mantenimiento generen empleo formal por al menos 25 a 30 años. Adicionalmente, se han impulsado estrategias de formalización laboral para actividades informales, como la de los vendedores ambulantes en peajes, y se han promovido programas comunitarios de protección ambiental con enfoque productivo.
Además, la Nueva Malla Vial del Valle del Cauca representa no solo una transformación vial sin precedentes en el suroccidente del país, sino también un ejemplo de gestión moderna de infraestructura, basada en la sostenibilidad, la inclusión social y la eficiencia financiera. A medida que avanza hacia su meta de operación plena en 2027, el proyecto reafirma el potencial de la infraestructura bien planificada como motor de desarrollo regional y nacional.