La segunda etapa del Túnel de Oriente, considerada una de las intervenciones de infraestructura vial más ambiciosas y técnicamente exigentes en la historia reciente de Antioquia, entró en una fase decisiva a comienzos de 2026. La ampliación de este corredor estratégico a doble calzada, con una longitud total de 14,9 kilómetros entre túneles y tramos a cielo abierto, ya supera el 19 % de avance general, una cifra que integra no solo la ejecución física de las obras, sino también la gestión ambiental, predial, técnica y financiera que sustenta el desarrollo integral del megaproyecto.
Este avance cobra especial relevancia en un contexto de acelerado crecimiento de la demanda vehicular entre el Valle de Aburrá y el Valle de San Nicolás, una dinámica que obligó a adelantar la segunda etapa del proyecto casi una década antes de lo previsto inicialmente.
En abril de 2022, el tráfico diario ya había alcanzado los 27.000 vehículos, superando las proyecciones estimadas para 2032. Con la nueva infraestructura, la capacidad operativa del corredor pasará de 6.500 a 9.700 vehículos por hora, lo que representa un incremento del 45 %, diseñado para atender las necesidades de movilidad de los próximos 20 años.
El frente más desafiante de la obra actualmente es el recientemente iniciado túnel Seminario 2, una estructura de 780 metros de longitud cuya excavación demandará alrededor de 18 meses y una ejecución de altísima precisión. Este tramo es considerado el mayor reto técnico del megaproyecto debido a la combinación de factores geológicos complejos, el manejo de aguas subterráneas, la cercanía con el túnel actualmente en operación y, de manera particular, la presencia de edificaciones sobre el trazado, específicamente las instalaciones del Seminario Conciliar de Medellín.
En este sector, la cobertura —distancia entre la superficie y la excavación— es de apenas 80 metros, lo que obliga a un proceso constructivo milimétrico, respaldado por monitoreo permanente, instrumentación especializada y el uso de piezómetros para controlar la estabilidad del macizo rocoso y mitigar cualquier riesgo estructural.
En este frente ya se alcanzaron los primeros 14 metros de avance en la sección superior, marcando el inicio formal de una de las conexiones críticas del corredor. El cronograma prevé que los dos extremos de la perforación se encuentren hacia finales de 2027. De manera paralela, se ejecutarán actividades fundamentales como la instalación de micropilotes, la implementación de una planta de tratamiento de aguas, sistemas de bombeo y evacuación hídrica, así como una estación eléctrica que garantizará la operatividad y seguridad tanto en la fase constructiva como en la posterior puesta en servicio.
Mientras tanto, el desarrollo técnico del proyecto avanza de forma simultánea en otros frentes de gran complejidad, particularmente en túneles y puentes. Tras la firma del acta de inicio definitivo en agosto de 2025, las obras tomaron un ritmo acelerado que hoy es claramente visible a lo largo de todo el trazado. El frente más avanzado es el del túnel Santa Elena 2, una imponente estructura de 8,2 kilómetros, cuyo segundo tubo ya se encuentra completamente excavado, una condición heredada de la construcción del primer Túnel de Oriente. Actualmente, los trabajos se concentran en el revestimiento interno, la instalación de sistemas de drenaje, la pavimentación y la construcción de nichos destinados a los postes de emergencia y puestos SOS, actividades que registran un avance cercano al 21 %.
Así Avanza La Construcción De La Segunda Etapa Del Túnel De Oriente Entre Medellín Y Rionegro
Posteriormente, el proyecto entrará en una fase clave con la instalación de los sistemas electromecánicos, que incluyen ventilación, red contra incendios, cámaras de seguridad, sistemas de comunicación, señalización y su integración con el centro de control que actualmente opera el primer túnel y los tramos a cielo abierto. Este componente tecnológico es esencial para garantizar altos estándares de seguridad, eficiencia operativa y respuesta ante emergencias en uno de los corredores viales más importantes del departamento.
Para minimizar la afectación sobre los usuarios que transitan diariamente por el primer Túnel de Oriente, la logística de construcción fue diseñada bajo un principio de segregación total entre el tráfico vehicular y las actividades de obra. En este sentido, ya fue completada al 100 % una vía industrial exclusiva de 4,5 kilómetros, destinada únicamente al tránsito de maquinaria pesada y vehículos de construcción. Esta vía, que incorpora dos puentes metálicos de 30 metros, permitirá ejecutar sin interferencias los 4,5 kilómetros de vías a cielo abierto que conectarán los túneles Seminario 2 y Santa Elena 2.
Dicho tramo a cielo abierto está compuesto por 1,5 kilómetros de vía continua y 3 kilómetros adicionales distribuidos en 12 puentes y viaductos, la mayoría construidos mediante la técnica de voladizos sucesivos, con apoyos cada 150 metros y pilotes hincados, una solución que busca reducir al mínimo la afectación de las laderas y garantizar la estabilidad geotécnica del corredor. Un dato clave que evidencia la robustez y adaptabilidad del diseño frente al cambio climático es que, durante seis años de operación del primer Túnel de Oriente, la conexión vial no ha presentado interrupciones por deslizamientos.
Entre las estructuras más avanzadas se destacan el puente Sajonia 2, ubicado a la salida de Rionegro, con una longitud de 355 metros, cimentación completamente terminada y un avance del 48 %.
Mientras tanto el puente Bocaná 2, en el sector de Medellín, con 335 metros de longitud y un progreso del 21 %. En ambos casos, las labores se concentran actualmente en el desarrollo de las superestructuras que soportarán el nuevo flujo vehicular de la doble calzada.
El impacto del megaproyecto también se refleja en el ámbito económico y laboral. En la actualidad, la obra genera 1.066 empleos, y se proyecta que en su punto máximo alcance cerca de 2.000 empleos directos y 8.000 empleos indirectos, dinamizando la economía regional y fortaleciendo las cadenas productivas asociadas al sector de la construcción y la ingeniería.
Un componente estratégico ya finalizado que actúa como antesala a la segunda etapa del túnel es el Intercambio Vial del Aeropuerto Internacional José María Córdova, entregado en su totalidad en noviembre de 2025 tras una inversión de $125.000 millones y 18 meses de ejecución. Esta obra no solo mejoró de manera sustancial el acceso a la principal terminal aérea de Antioquia, sino que se destacó por su enfoque sostenible, al reutilizar más de 190.000 metros cúbicos de material proveniente de las excavaciones de la primera etapa del túnel, una práctica que redujo impactos ambientales y optimizó el uso de los recursos disponibles.
Desde el punto de vista financiero, el proyecto cuenta con un respaldo sólido que garantiza su continuidad. En 2025, la Concesión Túnel Aburrá-Oriente logró un cierre financiero por $1,8 billones, estructurado por Odinsa, con la participación de entidades como Bancolombia, Grupo Aval, Davivienda y la Financiera de Desarrollo Nacional. Este esquema asegura el flujo de caja necesario para que todos los frentes de obra avancen conforme al cronograma, dentro de un plazo contractual de tres años y medio, que se extiende hasta febrero de 2029, aunque la meta institucional es poner en operación la doble calzada completa en el segundo semestre de 2027.
Más allá de la reducción de tiempos de viaje y la mejora en la seguridad vial, la segunda etapa del Túnel de Oriente se consolida como un proyecto estructurante para Antioquia. Su ejecución no solo fortalece la conectividad entre dos de las subregiones más dinámicas del departamento, sino que también impulsa el desarrollo industrial, habitacional y turístico, mejora la competitividad logística del territorio y sienta las bases para un crecimiento ordenado y sostenible en las próximas décadas.